• El matrimonio

Una de las prácticas más importantes dentro del judaísmo es el matrimonio, ya que para ellos es de vital importancia una fuerte actividad religiosa. Siendo la unidad del matrimonio muy importante para la continuidad de la religión judía, sus mentores (rabinos y demás autoridades) han puesto mucho atención y celo de cómo se construyen las futuras uniones, para garantizar que haya continuidad. La presión siempre está en que los judíos se casen entre ellos (endogamia) y que tengan hijos. Por otro lado, como rito, el matrimonio no requiere de un oficiante muy oficial y se celebra guardando una serie de características como el contar con dosel (“Hupá”); hacer un escrito (“ketubá”) donde se pone la fecha y lugar, las obligaciones del marido para con la mujer y el pago que se haría en caso de divorcio, además de jurarse fidelidad y otros detalles. Se puede obsequiar una mortaja (“kittel”) de la novia al novio, la misma que se viste en la ceremonia y será una prenda que acompañe al esposo durante toda su vida.

Hay dos etapas marcadas en la ceremonia. La primera supone cánticos, bendición del vino (y es bebido por los novios), entrega de un anillo a la novia y lectura del ketubá. La segunda está hecha en base a siete bendiciones, vinculando el matrimonio con la creación de la humanidad y la futura redención. De allí se bebe más vino y el novio rompe una copa, designando la fragilidad de tod

a felicidad. Acto seguido se consuma la unión sexual y se concluye con un banquete y baile.

 Si comparamos este rito con los que se llevan acabo en cristianismo, podemos decir que son muy parecidos, aunque no tiene tantos simbolismos, aunque un punto muy importante es el vino, ya que los novios lo toman antes de comulgar y después de hacer sus votos.

 

  • El duelo

Es otro de los ritos más importantes para los judíos. Normalmente se rige de manera estricta, lo cual buscaría proporcionar un apoyo a los dolientes y ayudarlos a resituarse y volver a su vida normal. Suele darse el acto de desgarrarse la ropa en señal del duelo; los hijos lo hacen a la altura del corazón y los demás dolientes en el lado derecho (aunque esta práctica tiende ya a dejarse). Es de un año para el progenitor y de un mes para los demás dolientes. El duelo se da a partir del funeral; supone abstinencia de beber vino, comer carne, placeres, negocios u otros.

El duelo tiene tres etapas. El Shivah, dura siete días y suele darse bajo forma de recogimiento: quedarse en casa; permanecer sentado; no se trabaja ni se tiene sexo; tampoco se bañan, no se afeitan y otros. Se reúnen amigos y se hace oraciones. El Shloshim es una siguiente etapa que dura 30 días; los dolientes siguen sin afeitarse,

cortarse el pelo, escuchar música o asistir a bodas o fiestas. La tercera etapa comprende sólo a los hijos del difunto y dura un año; la fecha anual de la muerte suele ser conmemorada, encendiendo una vela y recitando el Kaddish.

Si comparamos este rito de duelo, con el que se lleva a cabo en el cristianismo nos daríamos cuenta que son muy diferentes y que la etapa de duelo en el cristianismo no dura tanto tiempo, sólo dura 9 días, en los que se hacen rosarios para ayudar al alma que se ha ido.